Después de la cantera: las carreras que el fútbol no cuenta
El fútbol celebra a los canteranos que firman un contrato profesional. Las vidas de quienes se quedan fuera cuentan otra historia: ganarse la vida, empezar de nuevo y no tener las mismas oportunidades.
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Todos conocemos la foto de un jugador firmando su primer contrato profesional. Una camiseta sobre la mesa, el escudo del club detrás y su familia al lado. La noticia recuerda años de esfuerzo, agradece el trabajo de los entrenadores y dedica unas palabras al futuro. Los nombres de los compañeros que dejan ese mismo club durante el verano quizá aparezcan en una breve lista. Ellos también pasaron años acudiendo a las mismas instalaciones y participando en los mismos entrenamientos. Sus familias hicieron los mismos viajes para verlos jugar fuera de casa. Pero cuando empieza la temporada, el club tiene nuevas historias que contar. Lo que hará el jugador descartado el lunes por la mañana deja de ser noticia deportiva.
Sabemos que no todos los canteranos llegarán a ser profesionales. Aun así, estamos demasiado acostumbrados a elogiar el sistema que forma al jugador que triunfa y a explicar el descarte de otro como una insuficiencia personal. Uno demuestra el acierto del modelo de formación del club; del otro se dice que no ha dado el nivel. Sin embargo, ese mismo sistema les exigió a ambos una dedicación parecida durante años. Los estudios organizados en torno a los entrenamientos, los fines de semana reservados para los partidos y el tiempo y el dinero que las familias dedicaron a los desplazamientos no fueron exclusivos de quienes acabaron firmando un contrato. La distancia entre los sacrificios que el fútbol exige a los jóvenes y el futuro que puede ofrecerles se hace especialmente visible el día en que les comunica que no cuenta con ellos.
Iyiola Adebayo, antiguo canterano del West Ham, cuenta que seis meses después de haber sido capitán de un equipo del club estaba haciendo repartos para Domino’s. Entrevista en The Guardian. Es fácil leer ese detalle como una historia de caída. Pero trabajar de repartidor no tiene nada de vergonzoso. Lo que habría que preguntarse es con qué se encuentra un joven cuando desaparece el futuro para el que llevaba años preparándose. La disciplina que mostró en el fútbol no le facilita automáticamente su primera candidatura a un empleo. Poner el nombre de un club en el currículum no sustituye la formación que exige otra profesión. Cuando necesita ganarse la vida, el potencial que se le atribuía tiene una utilidad limitada.
Liam Robinson, que jugó junto a Trent Alexander-Arnold en la cantera del Liverpool, trabajaba en la red de alcantarillado y drenaje de United Utilities cuando habló con BBC Breakfast en abril de 2023. Explicó que se había centrado tanto en convertirse en futbolista profesional que no había preparado ningún otro futuro. Tras enterarse de que el club iba a prescindir de él, había vuelto al vestuario y se había echado a llorar. En su nuevo trabajo tenía que soportar bromas sobre su pasado en el Liverpool. Decía que le hacían sentirse inútil, como si debiera haber llegado a más. Entrevista de la BBC reproducida por BusinessGhana.
Robinson trabajaba. Aun así, había quien menospreciaba su empleo al compararlo con la camiseta que había vestido. La presión sobre un jugador que sale de una cantera tampoco termina necesariamente ahí: se le pide que construya una vida fuera del fútbol y luego se le recuerda que esa vida no tiene el brillo que habría tenido como futbolista. Para alguien a quien su entorno conocía como «el futbolista» mucho antes de cumplir dieciocho años, escapar de esa comparación puede ser difícil. Ni siquiera los años que pasa en otra profesión consiguen desvincularlo de su antiguo club a ojos de los demás. Lo que pudo haber sido acaba pesando más que el trabajo que hace hoy.
Josh Agbozo también aparecía en aquel reportaje de la BBC. Había jugado durante años con Alexander-Arnold en la cantera del Liverpool, que prescindió de él a los dieciséis. Contaba que las lesiones no le habían permitido demostrar del todo lo que podía hacer y que, tras su salida, no sabía qué camino tomar. Cuando se publicó la entrevista, trabajaba como auxiliar de terapia ocupacional. Entrevista de la BBC reproducida por BusinessGhana. Su caso recuerda un detalle que se pierde en el lenguaje de la planificación de plantillas: la oportunidad de un jugador puede terminar sin que él sienta siquiera que ha podido demostrar su valía. El club ha cerrado su evaluación; el jugador sigue preguntándose qué habría pasado sin aquellas lesiones. Empezar otro trabajo no resuelve esa pregunta.
Conocer estas vidas importa. Pero señalar a unos cuantos exjugadores que han encontrado empleo tampoco permite concluir que el sistema de apoyo tras la salida del club funciona. Sus relatos muestran que es posible dar ese paso, no que todos puedan hacerlo en las mismas condiciones. Incluso quien quiere hacer una prueba en otro club tiene que calcular los gastos: transporte, alojamiento, comida y tiempo sin ingresos. Alguien que puede esperar unos meses más con el apoyo de su familia no toma la misma decisión que quien necesita empezar a trabajar de inmediato. Uno se prepara para la prueba de la semana siguiente mientras el otro intenta conseguir permiso en el trabajo. Si el segundo no puede acudir, ¿hasta qué punto podemos sacar conclusiones sobre su talento o su compromiso con el fútbol?
En el fútbol se aconseja no rendirse con demasiada facilidad. Nos gusta la historia del jugador que asciende desde las categorías inferiores, marca años después contra el club que lo descartó y demuestra que quienes no creyeron en él estaban equivocados. Como conocemos el desenlace, interpretamos todas las dificultades intermedias como etapas del camino hacia el éxito. Escuchamos menos a quienes intentaron recorrer la misma ruta y no consiguieron un contrato. Puede que algunos no encuentren dinero para otra prueba. Otros quizá no puedan mantener el ritmo de entrenamiento necesario mientras trabajan. Y algunos harán todo lo que esté en su mano sin llegar a ser el jugador que un club busca. Encajarlos a todos en el mismo relato sobre «creer lo suficiente» supone ignorar tanto las plazas limitadas de las plantillas como las condiciones en las que cada uno tiene que ganarse la vida.
El coste de una vida dedicada al fútbol desde la infancia tampoco puede medirse únicamente en gastos. Es más difícil poner cifra al tiempo que no se dedicó a conocer otros ámbitos. Un joven que no pudo desarrollar su interés por una asignatura, descubrir en qué consiste una profesión o imaginar durante años un futuro que no pasara por el fútbol puede encontrarse explorando sus opciones por primera vez después de salir del club. Decirle que todavía es muy joven es cierto, pero insuficiente. No saber por dónde empezar mientras otros de su edad avanzan en sus estudios o en el trabajo tiene un peso propio. Además, debe encontrar tiempo para formarse en un nuevo ámbito mientras afronta la necesidad inmediata de tener ingresos.
Llegados a este punto, los empleos del fútbol fuera del campo suelen presentarse como una respuesta fácil. Puede entrenar, dedicarse a la captación de jugadores o trabajar en análisis. Pero esas profesiones no son una sala de espera con sitio para todos los que no encuentran hueco como futbolistas. Exigen formación y experiencia, hay competencia y el número de puestos es limitado. Completar un curso no garantiza un empleo. Haber pasado años en una cantera no enseña por sí solo a utilizar programas de análisis ni a entrenar a niños. Adquirir esas competencias requiere más tiempo y, a veces, más dinero. Hablar de lo amplio que es el sector sirve de poco a quien no puede permitirse ese periodo de formación. La cuestión es si existe un trabajo al que pueda acceder y del que pueda vivir.
El sector del fútbol también tiene que revisar su propio discurso sobre las carreras profesionales. Que se publique una oferta de empleo no significa que esté al alcance de cualquiera. Puede ser necesario mudarse, aceptar un sueldo inicial bajo o mantenerse con otra fuente de ingresos mientras se gana experiencia. El joven que antes esperaba superar las pruebas de selección ahora se encuentra ante ofertas que piden experiencia. Hay una distancia considerable entre estar cerca del fútbol y ganarse la vida con él. Hablar constantemente de nuevas oportunidades sin explicar esa distancia añade otra expectativa a una que todavía no se ha cumplido.
Por eso, la responsabilidad de los clubes no puede medirse únicamente por la delicadeza con la que comunican una baja. Después de pasar años planificando la semana, los objetivos y el desarrollo de un joven, ¿cuánto se interesa la institución por su vida cuando deja de formar parte de la plantilla? ¿Sabe si terminó sus estudios? ¿Vuelve a ponerse en contacto con él unos meses después si no ha encontrado otro club? ¿Sigue allí la persona a la que podía acudir si necesitaba apoyo? Responder que no se puede ofrecer un contrato a todo el mundo no resuelve estas preguntas. Se trata tanto de cuántas plazas hay en una plantilla como de la situación en la que quedan quienes pasaron años preparándose para ocuparlas.
No deberíamos presentar los trabajos de Adebayo, Robinson y Agbozo como premios de consolación por las carreras futbolísticas que no llegaron a tener. Que ejerzan otra profesión no debería interpretarse como un intento de volver a demostrar su valía ante los demás. No tienen por qué ofrecernos un regreso extraordinario, una gran fortuna ni un final inspirador. Podemos quedarnos con una pregunta más incómoda: alguien que ha organizado buena parte de su infancia en torno al fútbol, ¿estaba suficientemente preparado para construir su propia vida al salir de ese entorno?
Los clubes llevan la cuenta de los minutos en el primer equipo, los fichajes y los ingresos por traspasos de sus canteranos. Debería ser posible conocer con la misma seriedad la situación de quienes se van. De los jugadores descartados el año pasado, ¿cuántos siguen estudiando, cuántos buscan trabajo y cuántos esperan todavía un contrato? ¿Por qué dejar sus vidas fuera del balance cuando se habla del éxito de una cantera? Sabemos dónde está hoy el jugador de la foto de la firma. ¿Sabe el club dónde están los que compartían equipo con él?