¿Se está vendiendo el Mundial? El plan de 20.000 millones de dólares de la FIFA abre una nueva crisis con la UEFA
La FIFA estudia concentrar en una nueva empresa los derechos comerciales y la gestión operativa de todos sus torneos, incluido el Mundial, y abrir una participación minoritaria a inversores privados. La UEFA sostiene que ese valor no pertenece a la FIFA para venderlo, lo que anticipa una nueva lucha de poder en el fútbol mundial.
¿Se está vendiendo el Mundial? El plan de 20.000 millones de dólares de la FIFA abre una nueva crisis con la UEFA
Apenas unos días después de que terminara la Copa Mundial de la FIFA 2026, la atención del fútbol ya se ha alejado de lo ocurrido sobre el césped para volver a centrarse en cuestiones de gobernanza, dinero y poder.
La FIFA estudia reunir los derechos de retransmisión, patrocinio, venta de entradas y licencias de todos sus torneos —incluido el Mundial—, junto con su gestión operativa, bajo una empresa de nueva creación. La entidad propuesta, que llevaría el nombre de FIFA Forward Enterprise (FFE), podría vender posteriormente una participación minoritaria a inversores privados.
La FIFA presenta el proyecto como una oportunidad sin precedentes para financiar el desarrollo del fútbol en todo el mundo. La UEFA, en cambio, sostiene que la iniciativa cruza una línea peligrosa al ir más allá de los derechos comerciales y afectar a la propia gobernanza y al futuro del juego.
Entonces, ¿se está vendiendo realmente el Mundial? Todavía no. Pero, por primera vez, una parte del valor comercial generado por el torneo podría trasladarse a una estructura empresarial en la que inversores privados tendrían una participación directa.
¿En qué consiste el plan FIFA Forward Enterprise?
Según la propuesta anunciada por la FIFA el 28 de julio, FFE sería una filial propiedad de la FIFA y bajo su control. Los derechos comerciales y la gestión operativa de todos los torneos de la organización quedarían agrupados dentro de la nueva empresa.
Estas son las principales cifras del plan:
FFE partiría con una valoración inicial de 20.000 millones de dólares.
Podría ofrecerse a inversores externos una participación minoritaria, sin control, de hasta el 20 %.
La FIFA aspira a captar hasta 4.200 millones de dólares con la operación.
Los derechos audiovisuales, los patrocinios, la venta de entradas y las licencias formarían parte de la cartera comercial de la empresa.
La estructura abarcaría los torneos masculinos, femeninos y juveniles organizados por la FIFA.
La FIFA ha subrayado que los inversores externos solo tendrían participaciones minoritarias sin capacidad de control. La gobernanza del fútbol, los formatos de las competiciones, el calendario internacional y todas las decisiones deportivas o reglamentarias seguirían estando completamente bajo la autoridad de la FIFA. La organización también insiste en que la inversión se realizaría en una filial de la FIFA y no directamente en la propia institución. Según el comunicado oficial de la FIFA, el proyecto necesita la aprobación de la mayoría de sus federaciones miembro y del Consejo de la FIFA antes de poder salir adelante.
La FIFA trabaja con J.P. Morgan como asesor financiero. Se espera que el grupo inversor propuesto esté liderado por Thrive Eternal, firma fundada por Joshua Kushner. El hecho de que Kushner sea hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, también ha llevado las conexiones políticas que rodean la operación al centro del debate, junto con sus implicaciones comerciales.
El gran incentivo económico para las federaciones miembro
El principal argumento de Gianni Infantino es que el nuevo modelo permitiría repartir de forma más amplia el éxito comercial del Mundial, especialmente entre países con estructuras futbolísticas más pequeñas y menores ingresos.
La FIFA asegura que FFE podría ayudar a generar más de 10.000 millones de dólares para el desarrollo del fútbol durante los próximos cuatro años. Ese dinero podría destinarse a estadios, centros nacionales de entrenamiento, formación técnica, selecciones nacionales, competiciones domésticas, fútbol base y fútbol femenino.
Según la correspondencia enviada presuntamente a las federaciones miembro de la FIFA, una asociación que apoye la propuesta podría acceder a un total de hasta 40 millones de dólares en financiación a partir de 2027. La cifra combinaría una asignación única de 20 millones para proyectos especiales con otros 20 millones procedentes del programa FIFA Forward para el periodo 2027-2030.
Las federaciones tendrían hasta el 19 de septiembre de 2026 para tomar una decisión, y los nuevos fondos podrían estar disponibles a partir del 1 de enero de 2027. Si el plan no obtiene el respaldo necesario, se espera que continúe el actual programa Forward 4.0, con aproximadamente 10 millones de dólares por federación durante el siguiente ciclo de financiación. Estos detalles no figuraban en el primer anuncio público de la FIFA, sino que salieron a la luz posteriormente a través de comunicaciones remitidas a las asociaciones miembro y obtenidas por los medios. La carta publicada por Sky Sports apunta a que el incentivo económico podría convertirse en uno de los factores más determinantes de la próxima votación.
¿Por qué se opone la UEFA con tanta firmeza?
La objeción de la UEFA no se basa únicamente en la entrada de capital privado. El organismo rector del fútbol europeo también considera que la forma en que se ha elaborado la propuesta —sin suficiente consulta ni transparencia— constituye un problema fundamental de gobernanza.
La UEFA afirmó que el plan cruza una línea que las instituciones del fútbol nunca deberían atravesar y declaró: «El espíritu y la gobernanza del fútbol no son activos con los que se pueda comerciar».
La posición de la UEFA es que nadie es dueño del fútbol y que, por tanto, la FIFA no puede tratar el valor generado por el Mundial como una propiedad que puede vender libremente en sus propios términos. Su crítica más dura se centra en la falta de transparencia sobre quiénes serían los inversores, qué derechos económicos obtendrían y quién se beneficiaría finalmente del acuerdo.
El conflicto abre una nueva etapa en la tensión creciente entre la FIFA y la UEFA. Durante el torneo, la UEFA calificó de perjudicial para la integridad del fútbol la suspensión de la sanción impuesta al delantero estadounidense Folarin Balogun tras una expulsión directa, después de que el presidente Donald Trump pidiera a Infantino que se revisara la jugada. El presidente de la UEFA, Aleksander Čeferin, tampoco asistió a la final del Mundial de 2026 después de una serie de disputas disciplinarias, arbitrales y de gobernanza. Este conflicto anterior, recogido por Reuters, ayuda a explicar por qué la reacción al plan FFE se interpreta como parte de una lucha institucional más amplia y no como una simple respuesta a una propuesta comercial aislada.
La disposición de la FIFA a debatir una ampliación del Mundial de 2030 a 64 selecciones, junto con su intención de hacer crecer el Mundial de Clubes, ha ensanchado todavía más la brecha conceptual entre ambas organizaciones.
La oposición no se limita a la UEFA
Para la FIFA, el problema más serio es que las críticas no se concentran únicamente en Europa.
La CONCACAF afirmó que conoció el plan primero a través de informaciones periodísticas y después mediante el comunicado público de la FIFA, lo que generó preocupación por la ausencia de un proceso adecuado de toma de decisiones. La Confederación Asiática de Fútbol también subrayó que un proyecto de esta magnitud debería construirse sobre la base de la transparencia, la buena gobernanza y una consulta significativa.
La Federación Inglesa de Fútbol aseguró que desconocía por completo la propuesta y que no había recibido detalles concretos sobre sus condiciones. El presidente de la Federación Francesa de Fútbol, Philippe Diallo, también sostuvo que excluir a las asociaciones miembro del proceso planteaba preguntas serias sobre el futuro del juego.
UEFA, CONCACAF y AFC representan en conjunto a 143 miembros de la FIFA, una cifra que refleja el peso numérico de los organismos que han expresado sus dudas. Eso no significa que las 143 federaciones vayan a votar en contra; cada asociación nacional tomará su propia decisión. El presidente de la Federación Checa de Fútbol, David Trunda, por ejemplo, afirmó que eran necesarios más detalles, pero se convirtió en una de las pocas voces favorables al señalar que el plan podría beneficiar al fútbol base y a la inversión en infraestructuras. Las reacciones recopiladas por Reuters apuntan menos a una postura unificada del fútbol mundial que a una crisis de gobernanza cada vez más amplia.
¿El verdadero problema es el control o la presión comercial?
La defensa más sólida de la FIFA es sencilla: los inversores privados no controlarían la empresa y no tendrían autoridad sobre las decisiones deportivas.
Los críticos plantean otra cuestión. Incluso sin intervenir directamente en las Reglas de Juego o en el reglamento de las competiciones, cualquier inversor esperaría de forma natural obtener un rendimiento del capital aportado. Aumentar el valor de FFE podría generar presión para organizar más partidos, ampliar los torneos, subir el precio de las entradas, crear nuevos espacios de patrocinio y celebrar competiciones con mayor frecuencia.
Por tanto, el debate no se limita a quién conserva el control jurídico. La cuestión central es cómo podrían relacionarse con el tiempo las decisiones deportivas de la FIFA y los objetivos comerciales de FFE.
El comisario europeo de Deportes, Glenn Micallef, también ha advertido de que reunir en una misma estructura las competencias regulatorias de la FIFA y los intereses financieros de inversores privados podría plantear dudas sobre independencia y conflictos de interés. La FIFA sostiene que los inversores externos no tendrían ningún papel operativo, pero esas preocupaciones difícilmente desaparecerán hasta que se hagan públicos todos los términos del acuerdo. Según Reuters, CONCACAF y AFC también han solicitado más información y más tiempo para evaluar las consecuencias jurídicas, comerciales y estratégicas.
¿Qué puede ocurrir ahora?
1. La FIFA podría conseguir la mayoría necesaria
FFE podría ponerse en marcha si la propuesta recibe el respaldo de más de la mitad de las 211 federaciones miembro de la FIFA y obtiene la aprobación del Consejo de la FIFA. Para países con estructuras futbolísticas más pequeñas o en desarrollo, muy dependientes de la financiación de la organización, acceder a hasta 40 millones de dólares supone un incentivo muy poderoso.
En ese escenario, el debate se trasladaría a la elección de los inversores, las condiciones de la venta de acciones, el reparto de los ingresos y la forma en que las garantías de control prometidas por la FIFA quedarían reflejadas en los contratos definitivos.
2. El plan podría retrasarse, reducirse o ser rechazado
La oposición de UEFA, CONCACAF, AFC y varias federaciones nacionales de peso podría obligar a la FIFA a abrir un proceso de consulta más largo o a presentar una versión más limitada de la propuesta. El porcentaje de acciones, los derechos de los inversores, la estructura de toma de decisiones y las cláusulas de transparencia podrían revisarse.
Infantino ya impulsó en 2018 otro plan de inversión privada de 25.000 millones de dólares liderado por SoftBank, pero el proyecto no salió adelante tras la fuerte oposición de la UEFA. Aunque la propuesta actual tiene una estructura diferente, aquel intento demuestra por qué la dirección de la FIFA no puede dar por garantizado el apoyo de la mayoría. Según informó Associated Press, esta es la segunda gran iniciativa de la era Infantino destinada a abrir activos de la FIFA al capital privado.
3. Podría comenzar una batalla legal
Varias informaciones apuntan a que la UEFA está estudiando sus opciones legales. Sin embargo, a fecha de 29 de julio no se ha anunciado ninguna demanda, recurso formal ni estrategia jurídica concreta.
Una posible disputa podría centrarse en los Estatutos de la FIFA, los derechos de las federaciones miembro, la transferencia de activos comerciales a una filial, las responsabilidades de los directivos y las normas sobre conflictos de interés. Que estas cuestiones terminen convirtiéndose en un caso judicial dependerá del contenido detallado de la propuesta y del proceso de aprobación que finalmente siga la FIFA.
4. La amenaza de boicot podría utilizarse como instrumento de presión política
Algunas informaciones señalan que varias federaciones europeas han debatido respuestas extremas, incluida la posibilidad de boicotear el Mundial. Por ahora, sin embargo, ni la UEFA ni ninguna gran federación nacional ha adoptado una decisión oficial de retirada.
De momento, la amenaza de boicot debe entenderse como la herramienta de negociación más contundente disponible para presionar a la FIFA y obligarla a retirar o modificar el plan. El peso deportivo y comercial de las selecciones europeas da importancia a esa posibilidad. Pero renunciar al Mundial tendría consecuencias enormes para federaciones, futbolistas, operadores de televisión y aficionados, por lo que sería una medida extremadamente difícil de aplicar.
La gran pregunta sobre el futuro del Mundial
La propuesta de la FIFA vuelve a sacar a la superficie una contradicción que el fútbol mundial arrastra desde hace tiempo.
Por un lado, existe un modelo que promete repartir los ingresos multimillonarios del Mundial entre un mayor número de países e invertir ese dinero en infraestructuras, formación, fútbol femenino y fútbol base. Por otro, aparece el riesgo de que el futuro de la competición más valiosa del fútbol quede vinculado a los intereses económicos de inversores privados que esperan obtener rentabilidad.
Por eso, el debate va mucho más allá de la pregunta «¿Se está vendiendo el Mundial?». La verdadera cuestión es quién debe fijar los límites del crecimiento comercial del fútbol y quién terminará pagando el precio de ese crecimiento.
FFE todavía no se ha constituido, no se ha vendido ninguna participación y la propuesta aún no ha sido aprobada. Sin embargo, la nueva disputa entre FIFA y UEFA ya es mucho más que una discusión sobre una estructura empresarial. Se ha convertido en una lucha por decidir cómo debe gobernarse el Mundial, con qué frecuencia debe jugarse y a qué intereses servirá en el futuro.
Nota del editor
Este artículo se basa en la información publicada hasta el 29 de julio de 2026. La propuesta FFE continúa sujeta a un proceso de aprobación y consulta; la estructura inversora, el reparto accionarial definitivo y las condiciones contractuales todavía no han sido confirmados.